

Sentado al borde mismo de una pequeña canoa de primitivo diseño, me desplazo junto a un grupo de turistas río abajo por entre sinuosos meandros, acompañado de un par de indígenas que manejan con pericia sus toscos remos (más bien palos, a secas) haciendo que nos deslicemos sobre la superficie calma del ancho caudal. Nos llevan de excursión a un poblado apenas divisable entre la espesura selvática.
Nos acercamos intrigados y a lo lejos vislumbramos a un grupo de nativas que portan casi todas algún chiquillo sobre sus caderas. Nos reciben con aspavientos y gritos de alborozo mientras yo estoy más pendiente del fondo del barquichuelo temeroso de que las aguas escupan de improviso las fauces de los abundantes escualos que la pueblan. La emoción en estado puro en el río que nos amenaza y nos protege. El río que nos lleva.
Nos acercamos intrigados y a lo lejos vislumbramos a un grupo de nativas que portan casi todas algún chiquillo sobre sus caderas. Nos reciben con aspavientos y gritos de alborozo mientras yo estoy más pendiente del fondo del barquichuelo temeroso de que las aguas escupan de improviso las fauces de los abundantes escualos que la pueblan. La emoción en estado puro en el río que nos amenaza y nos protege. El río que nos lleva.




4 comentarios:
Me ha gustado tu blog sigue que todo te saldra bien.
los rios son maravillosos si no estan contamainados
Hola, no dices nada de la fotografía de los caimanes. Supongo que serán crias, pero donde hay pequeños, también suelen haber grandes y peligrosos.
Enhorabuena por tu blog.
La gente vive acomodada a su entorno. Una simple mosca moleste al que no esta de continuo entre ellas. !Las prefiero a los caimanes..¡
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